por Julian Puerto, director del Teatro
En algunos momentos, retazos oportunos de praxis, quisiéramos pararnos
para contemplar desde la paz y la tranquilidad que nos permite el camino andado, el trabajo
realizado con sus sombras y sus luces, los días empleados en el quehacer cotidiano de lucha y
la esperanza por conseguir lo mejor, lejanos ya los intentos de lo bueno.
La ilusión en aquella Fábrica de Harinas que, a principios de los años veinte del siglo pasado se pretendía como un reto a la industria, luego artesanal, con sus paredes neomudéjares de ladrillo visto, en el silencio de las afueras.
Almacenes que aguantaron su actividad, como silos de trigo y harina, hasta que el dinero público los convirtió primero en provisional Consistorio y, luego al uno en el trabajo mercantil de Empresa Pública y, al otro, en escenario de creativos, bohemios y trabajadores de la escena, dejando la parte central, antaño el molino, como sede de trabajadores de la cultura.
Edificio para 5.500 habitantes de los de 1922 que, apeados del tren en la estación corta, veían lentamente como se terminaba este colosal, entonces, edificio y tristeza para los 12.300 habitantes de 1950, que contemplaron atónitos como vecinos y vecinas de sus mismas calles volvían acongojados a sus casas preocupados por el devenir de su historia.
Nunca jamás, creo, pensó en ser escenario de artistas y bohemios, de soñadores y fabricantes de ilusiones, ella tan blanca y pura en su oficio, con sus graneros para el grano que un día, ya en los cincuenta, dejo sus ruedas para otra molienda y viese empeñada en el gobierno del pueblo que no es tarea fácil para, definitivamente, transformarse en el teatro de la Barraca que definiera quien le prestara su nombre, el poeta Federico García Lorca.
Y el poeta comenzó su trabajo. Ya le era conocido pues un día se encontró, entre signos celestes, con Doña Mariquita “La Música” y le contó la aventura del “ Talismán” y del “Gran Teatro” y, más adelante, otros getafenses le dijeron que con la fábrica en ruina, aficionados de la farándula descubrieron entre sus paredes pequeños duendes que les contaban cosas a escondidas, corrían los años ochenta, y se convenció así mismo de que todo era posible y que habría un día que Getafe tendría un teatro y llevaría su nombre y se escenificarían espectáculos que relataran su vida y su obra.
Getafe empezaba a soñar, pero no podía imaginarse que desde la apertura de El Talismán en 1892, que se construyó al parecer sobre un granero de la calle Don Fadrique, o desde El Gran Teatro, que comenzó en 1910 sobre ese mismo solar ampliado a la calle Guadalajara, hasta la inauguración del Teatro Auditorio Federico García Lorca en 1998, Getafe iba a sufrir la mayor transformación, en lo demográfico, lo cultural, lo deportivo, lo social, lo educativo y lo económico de su historia.
Cuando El Talismán comienza su programación de bailes y zarzuelas, de las que nos han llegado eco de algunas como “Buenas noches don Simón”, “El lucero del Alba” o el “Hombre es débil” y de algunos artistas como Paquita Boix y Consuelo Martí, para una población de 4.000 habitantes o El Gran Teatro que ya cuenta para su actividad con casi 5.000 habitantes no se imaginaban ni en lo más mínimo que Getafe pudiera alcanzar una población de 143.629 habitantes en la inauguración del Teatro Auditorio Federico García Lorca.
Fueron tiempos en los que Juan Bautista Amorós y Vázquez de Figueroa, “Silverio Lanza”, compraba su casa de la calle Olivares y se paseaba por Getafe con sombrero de copa y puños de porcelana y Ricardo de la Vega, con domicilio en la calle De la Fuente, asistía a las tertulias getafenses recabando información sobre la familia del tío Maroma, como ahora son tiempos de Lorenzo Silva con su ajetreo literario, escoltado por Bevilacqua y Chamorro.
Son nombres que van marcando la historia, obras claves de la literatura local, y forma parte de nuestro trabajo mantenerla viva, y en este sentido el Teatro Auditorio García Lorca programó “La Villana de Getafe” de Lope de Vega, representada por la Escuela de Teatro Clásico dirigida por el grupo Zampanó; “De Getafe al paraíso o la familia del tío Maroma” de Ricardo de la Vega, representada primero por la Coral Polifónica de Getafe en diciembre de 1999 y luego por la Compañía Lírica de Getafe en mayo de 2007; el entremés “Getafe” de Antonio Hurtado de Mendoza, representado por el grupo de teatro municipal Albaquías y, más cercana, la propuesta al CineStudio Getafe para la proyección de “La flaqueza del bolchevique”, basada en la novela homónima del escritor getafense Lorenzo Silva y proyectada dentro del ciclo “Libros de cine”.
Y por ello es importante el apoyo dado a las producciones locales y a sus productores, potenciando y favoreciendo la creación de otros nuevos. Así sucede con la actividad anual de grupos como La Banda de Música, La Coral Polifónica, La Orquesta de Laúdes y Coros Daniel Fortea y, recientemente, La Compañía Lírica de Getafe.
Por eso se han creado espacios específicos de actuación para grupos y compañías locales, para que presenten sus trabajos y los cotejen, prueben sus puestas en escena y tomen contacto con el público. Tres meses con sus noventa días. Albaquías, Al Alba, Taormina Teatro, Iérbola, Amauta, La Paranoia de Trastaravies, Primigenius, Ícaro, Ballet de Luis Ruffo, Endedans, El Desván, Aosta, Factor X, Compañía de Carlos Pardo, Coral Adagio, Xatafi, Electric Nipples, Crow Nest, Sílica Gel, Abanico Lírico, El Legado Andalusí, La Buhardilla, Los Reciclaos, El Candil, Sol y Luna, Sinestéreo, Pangea, El Paso del Trueno, Papel Higiénico, Flamenco Joven, Plastic D´Amour, ..., y para artistas y creativos locales como David Lorente, Pilar Machi, Andrés Cuenca, Irene vera, Juanqui y Boto, Axier Sánchez, Sara Garvín, Monika Rojas o Javier Sarau, ...
Y todo esto es lo hace, como ya recordaba en un artículo anterior publicado en el Anuario de Getafe 2007/2008 y el que reproduzco de ahora en adelante, que el Teatro Auditorio Federico García Lorca pueda presentar, utilizando un término del deporte del golf, la impresionante tarjeta de actividades en la que consta que cerca de un millón de espectadores han asistido a alguna de sus funciones, se han puesto en escena más de tres mil actividades con, aproximadamente, cuatro mil pases. Tres mil grupos y compañías con más de cuarenta mil actores, actrices, creativos o ponentes y en la que ha conjugado la siempre difícil, y a veces incomprendida, tarea de enlazar las artes escénicas y la música con los actos sociales, solidarios e institucionales.
Antonio Márquez en el escenario y, sobre las mesas de los despachos, un proyecto ilusionante con el objetivo de desarrollo de las señas de identidad, para las que fue construido el Teatro Auditorio Federico García Lorca de Getafe.
Se quiere teatro-auditorio en un momento, que llega hasta nuestros días, en el que no existen teatros ni auditorios en la localidad, con capacidad para setecientas personas y que actúen directamente sobre las artes escénicas con el teatro y la danza como protagonistas y buscando la complicidad de la música, el cine, los audiovisuales y la literatura. Sólo el Centro Municipal de Cultura de la Calle Madrid, con poco más de doscientas butacas, programa artes escénicas y música mientras que los salones de actos de los Centros Cívicos se dedican más a actuaciones socioculturales. En los espacios universitarios y de conservatorio predominan las actividades académicas.
Es municipal por lo que desarrolla programas de apoyo a las puestas en escena amateur y aficionado y emplea espacio para la actividad social, comprometida con su tiempo, la ayuda solidaria y la presencia institucional procediendo, en muchos casos, como sala de congresos.
Lleva el nombre del poeta del pueblo, tal vez por eso el compromiso siempre ha sido mayor, el esfuerzo más social y solidario. La poesía rompiendo la soledad de las paredes entre el juego y la teoría del duende que busca, incansable, el poema que atraviese el corazón como una espada.
Y eso lo saben las compañías y las productoras, los grupos y asociaciones, las entidades y las fundaciones, los partidos políticos y los sindicatos y, sobre todo, los diferentes programadores y todo el equipo del Teatro que han sido capaces de atender a trescientas compañías, con más de cuatro mil artistas en escena, para una asistencia de cerca de cien mil espectadores, al año hasta convertir el Teatro Auditorio Federico García Lorca en uno de los más preciados y apreciados de la Comunidad de Madrid.
Músicos clásicos y modernos, cantantes líricos y coplistas, poetas y prosistas, políticos y sindicalistas, bailarines y bailarinas, gente del circo, actores y actrices aficionados, profesionales, famosos, menos famosos y después conocidos, especialistas de prestigio y compromiso, periodistas de prensa escrita y audiovisual, técnicos y tramoyistas, directores artísticos y musicales, amas de casa y pensionistas, embajadores y cónsules,…
Echanove, Carmen Machi, Javier Leoni, Verónica Forqué, Miguel Narros, Ernesto Caballero, Santiago Ramos, Emilio Lindner, Antonio Márquez, Farruco, María Adánez, Lorenzo Silva, El Brujo, Alex Barahona, David Lorente, José Monleón, Roberto Cossa, María Estéve, Peridis, Millán, Rosa Regas, Victor Ullate, Ara Maliquian, Pablo Guerrero, Luis Pastor, Enrique de Melchor, Labordeta, Nuria Espert, Boutros Gali, Jose Luis Cebrián, Rosana, Alicia Hermida, Natalia Dicenta, María Galiana, Manolo Escobar, Garzón, Rocío Jurado, Chiquetete, Ortega Cano, Carmen Linares, Ainoa Arteta, Teresa Berganza, In Gibson, Almudena Grandes, Manuel Galiana, Sonia Rivas, Juan Madrid, El Cigala, Bebo Valdes, El Lebrijano, Felipe González, Julio Anguita, Simancas, Barranco, Imanuel Arias, José Mercé, Estrella Morente, Juan Diego Botto, Leo Bassi, Blanca Marsillach, El Francés, Parrita, Noa, Pepe Viyuela, Juan Margallo, Moratinos, Leire Pajín, Cristina del Valle, De la Morena, ...
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Todos ellos, siempre, una voz de aliento a unos de los teatros, no me cansaré de repetirlo, más reconocidos y elogiados de la Comunidad de Madrid por su buen hacer, plantear y definir las puestas en escena, arropados por su singular arquitectura y por un gran equipo de profesionales.
Con esta ilusión, cerrada la etapa de la exhibición como único recurso, nos
planteamos el reto de afrontar para los próximos diez años el desarrollo de un programa de artes
escénicas y música que contemple, además de las puestas en escena, la creación, la producción y la
formación e impulse los festivales al exterior de nuestra ciudad, todo ello con el concurso de la
participación de los ciudadanos y ciudadanas, creativos y creativas de Getafe, como consejo asesor
permanente de cultura, y de compañías y grupos residentes en Getafe que, como la Compañía Antonio
Gades, nos den las suficientes fuerzas en un camino que algunos se empeñan en no hacerlo fácil.
Getafe, Mayo de 2008